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La literatura mexicana se caracteriza por su riqueza y diversidad, además de la inconfundible calidad de sus obras. Sus autores principales, los escritores mexicanos más importantes de la historía, son una estupenda opción para leer y descubrir un poco más sobre México, un país de gran tradición cultura.
Amado Nervo fue un gran poeta. Consagrado como tal a inicios del siglo XX, fue uno de los escritores mexicanos que mayor roce tuvo con otras figuras de la literatura de la época, como Rubén Darío y Oscar Wilde, por nombrar algunos. Catalogado como modernista, sobre todo por sus primeros libros de poesía, escribió novelas, cuentos y ensayos, lo que lo situó como intelectual y artista al mismo tiempo. Tuvo un periodo en Francia y ejerció en México, tras su retorno de su estancia en Europa, como profesor de lengua castellana. Fue diplomático en Argentina y Uruguay, donde murió en Montevideo a los 48 años en 1919. La fuerza de sus versos aún resuenan en la poesía mexicana.
Poesía |
Perlas negras (1910) |
El estanque de los lotos (1919) |
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Lira heroica (1924) |
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Los jardines interiores (1930) |
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Novelas |
Pascual Aguilera (1892) |
El bachiller (1895) |
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El donador de almas (1899) |
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El diablo desinteresado (1916) |
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El diamante de la inquietud (1917) |
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Cuentos |
Ellos (1915) |
Almas que pasan (1916) |
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Plenitud (1918) |
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Cuentos misteriosos (1921) |
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Teatro |
Consuelo (1899) |
Ensayo |
El éxodo y las flores del camino (1902) |
Juana de Asbaje (1910) |
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Mis filosofías (1912) |
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En torno a la guerra (1921) |
Este es uno de los tantos poemas conocidos de Amado Nervo:
ME BESABA MUCHO
Me besaba mucho, como si temiera
irse muy temprano... Su cariño era
inquieto, nervioso.
Yo no comprendía
tan febril premura. Mi intención grosera
nunca vio muy lejos…
¡Ella presentía!
Ella presentía que era corto el plazo,
que la vela herida por el latigazo
del viento, aguardaba ya..., y en su ansiedad
quería dejarme su alma en cada abrazo,
poner en sus besos una eternidad.
Fuente: Nervo, Amado (2010). La amada inmóvil. Ed. María Rocío Oviedo Pérez. Alicante: Biblioteca Miguel de Cervantes.
La Revolución mexicana evoca muchos nombres, entre ellos el de Mariano Azuela. Es considerado como fundador de la literatura de este periodo, donde destaca sin ningúna duda Los de abajo (1916), su obra más leída y estudiada no solo en los colegios mexicanos, sino también en las universidades de todo el mundo. Este libro se publicó, primero, en fascículos y, luego, como folletín en 1925, cuando obtuvo por primera vez un gran éxito. Participó de las fuerzas revolucionarias y fue fundador de El Colegio Nacional.
Novelas |
Los fracasados (1908) |
Los triunfadores (1909) |
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Los de abajo (1916) |
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Las tribulaciones de una familia decente (1918) |
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El desquite (1925) |
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Nueva burguesía (1941) |
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La mujer domada (1946) |
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Ensayo |
Cien años de novela mexicana (1947) |
Este es el inicio de su obra más famosa, Los de abajo:
—Te digo que no es un animal… Oye cómo ladra el Palomo… Debe ser algún cristiano…
La mujer fijaba sus pupilas en la oscuridad de la sierra.
—¿Y que fueran siendo federales? —repuso un hombre que, en cuclillas, yantaba en un rincón, una cazuela en la diestra y tres tortillas en taco en la otra mano.
La mujer no le contestó; sus sentidos estaban puestos
fuera de la casuca.
Se oyó un ruido de pezuñas en el pedregal cercano, y el Palomo ladró con más rabia.
—Sería bueno que por sí o por no te escondieras, Demetrio.
El hombre, sin alterarse, acabó de comer; se acercó un cántaro y, levantándolo a dos manos, bebió agua a borbotones. Luego se puso en pie.
—Tu rifle está debajo del petate —pronunció ella en
voz muy baja.
Fuente: Azuela, Mariano (1997). Los de abajo. Ed. Jorge Rufinelli. Madrid: ALLCA XX.
La trayectoria de Alfonso Reyes es una clara demostración de una vida dedicada, ¡y con qué maravillosos resultados!, a la escritura. Fue poeta y narrador, pero destacó mucho más por sus ensayos, caracterizados no solo por su rigor académico, sino también por su excelso estilo (claro y preciso). No en vano escritores como Jorge Luis Borges lo reconocieron como uno de los mejores prosistas en lengua castellana. Participó como fundador del Ateneo de la Juventud, una asociación que repercutió en la modernización de la cultura mexicana de inicios de siglo XX y, en definitiva, en el proceso de la Revolución mexicana. Más allá de sus labores literarias, ejerció como diplomático en España, Francia, Argentina y Brasil.
Poesía |
Huellas (1922) |
Sol de Monterrey (1932) |
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Golfo de México (1934) |
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Cantata en la tumba de Federico García Lorca (1937) |
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Homero en Cuernavaca (1949) |
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Ensayos |
Cuestiones estéticas (1911) |
Retratos reales e imaginarios (1920) |
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Cuestiones gongorinas (1927) |
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Tránsito de Amado Nervo (1937) |
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La crítica en la edad ateniense, 600 a 300 a. C. (1941) |
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El deslinde. Prolegómenos a la teoría literaria (1944) |
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Justo Sierra. Un discurso (1947) |
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El Polifemo sin lágrimas (1961) |
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Teatro |
Ifigenia cruel (1924) |
Narrativa |
El testimonio de Juan Peña (1930) |
La casa del grillo (1938) |
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Árbol de pólvora (1953) |
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Quince presencias (1955) |
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Los tres tesoros (1955) |
Veamos el relato "Rancho de prisioneros", incluido en el libro Calendario de 1924.
Cuando daban de comer a los prisioneros recién traídos, fatigados, torpes y hambrientos, aquellos soldados de cuarenta años, ya sensibles a las incomodidades del cuerpo, ya conscientes de las limitaciones del alma, se quedaban apoyados en el fusil, mudos, sin cambiar entre sí un guiño ni una mirada. Se entregaban al espectáculo: pensaban, pensaban…
Y veían comer, en silencio, al enemigo; fríos, absortos, como se mira comer a los animales del jardín zoológico: al mono y al elefante, al ciervo y al avestruz, al zorro, a la oca. Así, con una sensibilidad renovada, virgínea, miraban comer al Hombre —que nunca hasta entonces habían visto comer.
Fuente: Reyes, Alfonso (1924). Calendario. Madrid: Cuadernos Literarios.
Agustín Yánez también se interesó por el periodo de la revolución. En su obra cumbre, Al filo del agua, plasma la transformación de la vida rural y la identidad mexicana tras este periodo, 1910-1917. La crítica reconoce su estilo, una mezcla de tradición e innovación, y el realismo con el que logra retratar México, de ahí que es considerado como “realista”. Ejerció cargos públicos, en los que destaca su gestión en la Secretaría de Educación Pública durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.
Narrativa |
Ceguera roja (1923) |
Llama de amor viva (1935) |
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Espejismo de Juchitlán (1940) |
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Pasión y convalecencia (1943) |
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Melibea, Isolda y Alda en tierras cálidas (1946) |
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Al filo del agua (1947) |
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Las tierras flacas (1962) |
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Ensayos |
Fray Bartolomé de las Casas, el conquistador conquistado (1942) |
Alfonso Gutiérrez Hermosillo y algunos amigos (1945) |
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Proyección universal de México (1963) |
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Conciencia de la revolución (1964) |
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Dante, concepción integral del hombre y de la historia (1965)
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Así inicia Al filo del agua:
Aquella noche don Timoteo Limón había cenado ni más ni menos que todas las noches y a la primera campanada de queda, como todas las noches, a solas ya en su cuarto, había comenzado a rezar el rosario de su devoción por el Alma del purgatorio más necesitada u olvidada; cuando llegó al tercer misterio, los aullidos del Orión, el perro veterano, quisieron distraerlo; pero un esfuerzo de la conciencia redujo a los pensamientos en fuga y el piadoso ejercicio continuó, sin parar mientes en que Orión siguiera ladrando con sombríos acentos de maleficio.
Le pareció raro a don Timoteo no bostezar en la letanía y llegar al Bendito sin que se le cerraran de sueño los párpados, como todas las noches.
Fuente: Yánez, Agustín (1996). Al filo del agua. Ed. Arturo Azuela. Madrid: ALLCA XX.
La mejor presentación de Octavio Paz es que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1990, lo que lo convirtió en el quinto latinoamericano en ganarlo después de Gabriel García Márquez, quien lo obtuvo en 1982. Con una prolífica obra en ensayo y, sobre todo, poesía, influyó en los escritores de su tiempo, convirtiéndose, desde muy joven, en un referente de las letras mexicanas en castellano. Además, como intelectual, se opuso a los regímenes contrarios a la democracia y se presentó como un crítico acérrimo de los totalitarismos.
Poesía |
Luna silvestre (1933) |
Libertad bajo palabra (1949) |
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La hija de Rappaccini (1956) |
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Piedra de sol (1957) |
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Viento entero (1965) |
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Topoemas (1971) |
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El mono gramático (1974) |
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Árbol adentro (1987) |
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Figuras y figuraciones (1990) |
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Ensayo |
El laberinto de la soledad (1950) |
El arco y la lira (1956) |
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Las peras del olmo (1957) |
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Conjunciones y disyunciones (1969) |
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El otro filantrópico (1979) |
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Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe (1982) |
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La llama doble (1993) |
Este es el inicio de Piedra de sol:
Un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:
un caminar tranquilo
de estrella o primavera sin premura,
agua que con los párpados cerrados
mana toda la noche profecías,
unánime presencia en oleaje,
ola tras ola hasta cubrirlo todo,
verde soberanía sin ocaso
como el deslumbramiento de las alas
cuando se abren en mitad del cielo,
[...]
Fuente: Paz, Octavio (1957). Piedra de Sol. México: Tezontle.
Juan Rulfo no solo es recordado por su obra maestra Pedro Páramo (1955), sino también por su carácter afable y su sensibilidad. Entabló amistad con muchos escritores renombrados de la época, quienes le profesaron su admiración sin escatimar palabras. Lo hicieron Borges, Dolores Castro, García Márquez, Sergio Pitol, Jorge Edwards, y así una lista sin fin. A pesar de su escueta obra narrativa, logró deslumbrar a la crítica y situarse como libros fundamentales de la narrativa mexicana del siglo XX. La calidad de sus obras le valió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1983, entre muchos otros.
Cuentos |
El llano en llamas (1953) |
Novelas |
Pedro Páramo (1955) |
El gallo de oro (1980) |
Inicio de Pedro Páramo
Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. "No dejes de ir a visitarlo -me recomendó. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dar gusto conocerte." Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después de que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.
Todavía antes me había dicho:
-No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio... El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.
-Así lo haré, madre.
Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta que ahora pronto comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala.
Fuente: Rulfo, Juan (1992). Toda la obra. Ed. Claude Fell. Madrid: ALLCA XX.
Juan José Arreola deslumbró como un alquimista de las letras mexicanas. Con Confabulario y otros relatos, convirtió lo cotidiano en universal mediante una prosa afilada, donde lo absurdo danza con la poesía. Sus cuentos, aunque breves, son ventanas a la complejidad humana: nos hacen reír con un disfraz de farsa para luego revelar, en un susurro, verdades que duelen. Autodidacta y hombre de escenarios (porque también fue actor), su genio no cabía en las aulas, pero inspiró a gigantes como Fuentes y Pacheco. Hoy, sus historias siguen interrogándonos con esa mezcla de picardía jalisciense y lucidez que solo él supo forjar. Un legado que, como buen cuentista, prefirió dejar en el aire... como pregunta abierta.
Cuentos |
Gunter Stapenhorst (1946) |
Varia invención (1949) |
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Confabulario (1952) |
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Palíndroma (1971) |
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Bestiario (1959) |
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Novela |
La feria (1963) |
Ensayo |
La palabra educación (1973) |
Y ahora la mujer (1975) |
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Inventario (1976) |
Veamos el relato "El sapo", que se incluye en Bestiario:
Salta de vez en cuando, sólo para comprobar su radical estático. El salto tiene algo de latido: viéndolo bien, el sapo es todo corazón.
Prensado en un bloque de lodo frío, el sapo se sumerge en el invierno como una lamentable crisálida. Se despierta en primavera, consciente de que ninguna metamorfosis se ha operado en él. Es más sapo que nunca, en su profunda desecación. Aguarda en silencio las primeras lluvias.
Y un buen día surge de la tierra blanda, pesado de humedad, henchido de savia rencorosa, como un corazón tirado al suelo. En su actitud de esfinge hay una secreta proposición de canje, y la fealdad del sapo aparece ante nosotros con una abrumadora cualidad de espejo.
Fuente: Arreola, Juan José. Bestiario. México: Joaquín Mortiz.
Una de las imágenes más entrañables de Jaime Sabines encuentra lugar en el Palacio de Bellas Artes. En este evento, que tuvo lugar el 30 de marzo de 1999, ocurrieron dos grandes eventos: por un lado, la lectura de los poemas que sabines escogió para su auditorio y, por otro, un aplauso prolongado, de varios minutos, que demostró no solo la calidad y alcance de su obra, sino también el cariño de la gente. Muchos dicen que conocieron la poesía gracias a él y otros, sin invalidar este juicio, señalan las vastas posibilidades de su sensibilidad y su pluma. Aunque su vida estuvo ligada a las letras, también fue parte de la política, en la que ejerció como diputado.
Poesía |
Horal (1950) |
Adán y Eva (1952) |
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Yuria (1967) |
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Espero curarme de ti (1975) |
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No es que muere de amor (1981) |
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Los amorosos: cartas a Chepita (1983) |
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La luna (1988) |
Veamos uno de sus poemas, "El día":
El día Amanecí sin ella.
Apenas si se mueve.
Recuerda.
(Mis ojos, más delgados,
la sueñan.)
¿Qué fácil es la ausencia?
En las hojas del tiempo
esa gota del día
resbala, tiembla
Fuente: Sabines, Jaime. Recuento de poemas. 1950-1993. Ed. Jesús García Sánchez. Madrid: Visor.
Si hay un nombre que no puede faltar en la pléyade del boom latinoamericano, ese es Carlos Fuentes. Junto con Mario Vargas Llosa, José Donoso y Gabriel García Márquez, introdujo sendas innovaciones técnicas y temáticas en la narrativa en español, además de haber sido parte de la escritura de la exploración de la novela total. Un claro ejemplo de esto es La región más transparente (1958), una novela que muestra la amalgama de ideas, personas y clases que dio origen a la Ciudad de México. Carlos Fuentes se hizo merecedor de Premios tan importantes como el Rómulo Gallegos (1977) y el Premio Miguel de Cervantes (1988). Sin él, la narrativa mexicana del siglo XX no podría explicarse.
Novela |
La región más transparente (1958) |
La muerte de Artemio Cruz (1962) |
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Aura (1962) |
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Cambio de piel (1967) |
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Terra nostra (1975) |
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Gringo viejo (1985) |
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Los años con Laura Díaz (1999) |
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Cuestos y novelas cortas |
Los días enmascarados (1954) |
Cantar de ciegos (1964) |
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Agua quemada (1981) |
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El naranjo (1994) |
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Ensayos |
La nueva novela hispanoamericana (1969) |
Cervantes o la crítica de la lectura (1976) |
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El espejo enterrado (1992) |
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Geografía de la novela (1993) |
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Machado de la Mancha (2001) |
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Teatro |
Todos los gatos son pardos (1970) |
Orquídeas a la luz de la luna (1982) |
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Ceremonias del alba (1991) |
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Guiones cinematográficos |
Pedro páramo (1967) |
Las dos Elenas (1964) |
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Muñeca reina (1972) |
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¿No oyes ladrar a los perros? (1974) |
Veamos el inicio de su novela corta Aura:
Lees ese anuncio: una oferta de esa naturaleza no se hace todos los días. Lees y relees el aviso. Parece dirigido a ti, a nadie mas. Distraído, dejas que la ceniza del cigarro caiga dentro de la taza de te que has estado bebiendo en este cafetín sucio y barato. tu releerás. Se solicita historiador joven. Ordenado. Escrupuloso. Conocedor de la lengua francesa. Conocimiento perfecto, coloquial. Capaz de desempeñar labores de secretario. Juventud, conocimiento del francés, preferible si ha vivido en Francia algún tiempo. Tres mil pesos mensuales, comida y recamara cómoda, asoleada, apropiada estudio. Solo falta tu nombre. Solo falta que las letras mas negras y llamativas del aviso informen: Felipe Montero. Se solicita Felipe Montero, antiguo becario en la Sorbona, historiador cargado de datos inútiles, acostumbrado a exhumar papeles amarillentos, profesor auxiliar en escuelas particulares, novecientos pesos mensuales. Pero si leyeras eso, sospecharías, lo tomarías a broma. Donceles 815. Acuda en persona. No hay teléfono.
Fuente: Fuentes, Carlos (1962). Aura. México: Alacena.
Junto con Octavio Paz, José Emilio Pacheco fue uno de los poetas más destacados de México durante el siglo pasado. También multifacético, transitó con gran calidad e ingenio por la novela, el ensayo y la traducción, en la que destaca su capacidad para trasladar y mantener las imágenes poéticas de los originales, en el caso de T. S. Eliot, y la fuerza de los diálogos de Un tranvía llamado deseo. Su sensibilidad lo llevó a escribir una poesía honda, universal, que penetró en temas como la muerte, el tiempo y la identidad. Fue galardonado con los premios Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2009) y Miguel de Cervantes (2009), además de otros reconocimientos de gran importancia.
Cuento |
El viento distante (1963) |
El principio del placer (1972) |
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Novela |
Morirás lejos (1967) |
Las batallas en el desierto (1981) |
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Poesía |
Los elementos de la noche (1963) |
No me preguntes cómo pasa el tiempo (1969) |
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Los trabajos del mar (1983) |
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El silencio de la luna (1996) |
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La edad de las tinieblas (2099) |
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Ensayos |
Jorge Luis Borges. Una invitación a su lectura (1999) |
Ramón López Velarde. La lumbre inmóvil (2003) |
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Traducción |
Cuatro cuartetos de T. S. Eliot |
Cómo es de Samuel Beckett |
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De Profundis de Oscar Wilde |
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Un tranvía llamado deseo de Tenessee Williams |
Este es uno de los poemas que componen Los elementos de la noche:
La materia deshecha
Vuelve a mi boca, sílaba, lenguaje
que lo perdido nombra y reconstruye.
Vuelve a tocar, palabra el vasallaje
que con tu propio fuego te destruye.
Regresa pues, canción hasta el paraje
en donde el tiempo acaba mientras fluye.
No hay monte o muro que su paso ataje:
lo perdurable, no el instante, huye.
Ahora te nombro, incendio, y en tu hoguera,
me reconozco: vi en tu llamarada
lo destruido y lo remoto. Era
árbol fugaz de selva calcinada,
palabra que recobra en el sonido
la materia deshecha del olvido.
Fuente: Pacheco, José Emilio (1963). Los elementos de la noche (1958-1962). México: UNAM.
¡Muchas gracias!
Hemos recibido correctamente tus datos. En breve nos pondremos en contacto contigo.